¿Eres de l@s que tiene muy bien planeada sus tres comidas diarias, tratan de seguir las normas básicas de balancear lo que comen y llenar de verde sus platos? No obstante, algo parece impedir que te que te quites esas libritas extras…

¿Te has puesto a pensar alguna vez que pueden ser los snacks que comes? ¡Qué levante la mano cualquiera que se sienta culpable!

Solemos preocuparnos por las comidas grandes, pero las bebidas y refrigerios a los que echamos mano espontáneamente, pueden hacer que todo el esfuerzo de planificar nuestra buena alimentación se vaya a la borda.

Los nutricionistas recomiendan que tengamos cerca comidas pequeñas pero saludables que nos calmen el hambre. Dicen por allí que “no hay mejor improvisación que la que se prepara” y cuando esto se aplica a la alimentación, no puede sino ser efectivo.

Baby carrots, almendras sin sal, trocitos de manzana o galletas integrales puede que te calmen la ansiedad y eviten que vayas directo a un plato de esos que no dan sino remordimientos.

Otras de las calorías que solemos consumir a diestra y siniestra sin reparar en ellas; son las que tomamos.

Considéralo así: si no es agua, tiene calorías. Si el agua te aburre, ponle un pedacito de limón, de fresas o de naranja, créelo o no, esta pequeña adición cambiara el sabor y te acostumbras, con gusto, a tomarla.

Por otro lado, las comidas y bebidas no planificadas además de agregar calorías, agregan gastos a tu bolsillo. No caigas en el espiral de no saber a dónde va tu dinero. Esto depende de ti.

¿Cuál es tu hora de más hambre si no tienes nada contigo, cómo lo resuelves? ¡Queremos oírte en los comentarios!

Leonor Ordoñez

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